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miércoles, 18 de enero de 2012

¡LIBRE!



Libre… como el sol cuando amanece yo soy libreeeeee… ¿os acordáis de aquel anuncio de Amena remake de Nino Bravo? Así me sentí yo esta mañana cuando tras nueve esclavizadores años con Movistar tomé la decisión de pasarme a Yoigo.

Sólo por la conversación mantenida con la señorita Yoigo, ya ha merecido la pena. Aunque luego no tenga cobertura, aunque me añadan el céntimo sanitario a la factura, aunque la letra pequeña me descubra que acabo de comprometerme a donar mis riñones en vida… me da lo mismo… me ha atendido una señorita que me hablaba en castellano, que no me tuvo esperando media hora entre musiquilla desesperante, que era eficiente en su trabajo a la par que simpática en el trato, que me entendía lo que le decía y no sólo eso… sino que yo también le entendía a ella. Una señorita que me preguntó lo que yo necesitaba y que no me intentó vender mil opciones distintas de lo que yo quería. Albricias!!! Será siempre así?

Pero mi venganza más dulce, por la que ha merecido la pena esperar estos nueve años, ha sido la llamada de la comercial de turno de Movistar para ofrecerme el oro y el moro por no dejar de ser cliente de su compañía. La dejé hablar un ratito (poco, porque siempre acaban poniéndome de los nervios) y a continuación le espeté que nada de lo que me ofreciera su querida empresa me podría parecer interesante:

Primero: por su pésimo servicio tercermundista de (des) atención al cliente
Segundo: por sus continuadas y reiteradas llamadas y mensajes con ofertas que no me interesan cuando les he hecho constar mil veces que no quiero recibir su propaganda.
Tercero: por sumar entre sus filas al chorizo presunto y presuntuoso de Urdangarín.

Así, más pancha que ancha, me he quedado a la espera de recibir mi nuevo móvil. No sé ni qué modelo es y poco me importa. El color rosa, eso sí, para hacer juego con mi vida a partir de ahora y con la este blog de conjura contra los necios de este mundo.

Bye, bye, MOVISTAR...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA CRISIS ME LA SUDA*

(*) Yo no soy mucho de sudar – si acaso de transpirar – pero reconocerán conmigo que el título tiene más fuerza tal y como está. "La crisis me la transpira" no muestra la misma intensidad.




Pues sí. No lo he dicho hasta ahora, pero voy y lo digo porque no aguanto más. Estoy hasta la bandera de oir hablar de los vaivenes de los mercados, que yo no sé dónde irán a comprar esos señores del telediario, pero mi mercado de toda la vida, el del Fontán, ni se mueve ni se bambolea. Ahí están las señorinas de siempre vendiendo sus lechugas con los mismos caracoles. Dos por un euro. Lechugas, quiero decir. Los caracoles son gratis. Es que son de casa. Ya, eso ya se ve, si tengo a sus familiares viviendo en mi nevera desde la semana pasada. Los familiares de los caracoles, quiero decir. A los de las señorinas no tengo el gusto de conocerlos.

Yo la primera vez que oí hablar de bonos basura, pensé que se referían a los que te dan al comprar las entradas del cine para ir luego a comer una hamburguesa y me imaginaba al banquero de turno teniendo que cambiar el fast-food por el menú del día de Casa Manolo. El acabóse. Primero empezaron a contarnos la película de tal modo que nos pareciera un mundillo fascinante y lleno de aventuras. Que si se ha pinchado la burbuja inmobiliaria. Que se ha caído el Nikkei. Que el Ibex ha rebotado. Que hay que rescatar a Irlanda. Que el PIB se estanca… Era prácticamente como una telenovela. Un sinvivir. Todo el santo día esperando a ver qué pasaba en el siguiente capítulo. Cómo? Qué te has perdido el de ayer? Pero si fue el mejor de todos, cuando el Estroscan sedujo a la camarera y huyó cual alma que lleva el diablo… y hasta la vecina del quinto, que nunca había oído hablar del Fondo Monetario Internacional, desvelaba cuchicheando en el portal los últimos y oscuros secretos del bodevil financiero-sexual.

Luego los omnidiseñadores del plan maquiavélico llamado CRISIS han empezado a rebuscar términos y meter palabros engorrosos para que el ciudadano de a pie – también llamado peatón – no sepa por donde anda. Atrás quedaron los tiempos en que los contertulios radiofónicos eran hombres versados en múltiples y variadas disciplinas. El invitado de turno ha sido sustituido de golpe y porrazo por el catedrático en macroeconomía de la universidad autónoma de Liliput, que nos cuenta mañana y tarde, de forma agorera y rozando el savoire-faire de Nostradamus, cómo estamos viviendo al borde del abismo y a punto de pegarnos el batacazo del siglo. Pero lo cuenta con tranquilidad y distancia, como si todo estuviera pasando porque a él no le han pedido antes su opinión. Que seguro que con su bolita de cristal y su máster en lógica difusa, seguiríamos en nuestra feliz burbuja. Nota: el profeta de mal agüero suele ser catalán. Lo digo sin acritud, como constatación de un hecho empírico.

A mí, que la burbuja estalle o se quede inflada me es inverosímil, pero el colmo del sindiós en el que estamos inmersos ha llegado con el regreso al cole y las consiguientes protestas un día después del profesorado y profesorada que -oh, cielos, esclavitud- tiene que dar una media de 713 horas de clase al año. 713 horas. Entre 52 semanas: 13,71153846 horas a la semana. Entre 5 días: 2,742307692 horas al día. Diosssss. Ven y libéralos. Pobres criaturas. Esto no es tolerable en una sociedad avanzada como la nuestra. Trabajar casi tres horas al día. Qué indecencia! Qué felonía! Qué atropello! Menos mal que los padres del alumnado y alumnada, reunidos de forma espontánea en asamblea urgente esta misma mañana, han decidido poner toda la carne en el asador para evitar la epidemia. ¿Qué epidemia? Pues cuál va a ser, la griega. ¿No has oído lo del contagio? Menos mal que ya nos ha dicho la jefa de estudios que aquí griegos, lo que se dice griegos no hay, que lo más cercanos son un par de hermanitos rumanos, pero que vienen muy limpios y aseados a clase. Y que este año no van a tener educación física, que vete tú a saber si lo del contagio griego no se propaga por el sudor (o por la transpiración)…



Nota bis: la foto no tiene ni mucho ni nada que ver con la entrada, pero mola mazo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

PAMPURRIOS & JAMACUCOS

Los americanos siempre han hecho mucho mal a este país. Primero, al mundo rural, con esas plagas de langostas que fumigaban desde las avionetas espía para luego forrarse vendiendo plaguicidas made-in-masachusis; y luego con series como Urgencias y Dr. House, que además de derivar en otras series nacionales nocivas para la salud y el buen gusto (léase-hospital-central-varón-35 años-convulsiones-inconsciente-haperdidomuchasangre) han llevado a la población al ridiculismo extremo a la hora de describir sus achaques y enfermedades.

Dice mi amiga Merce, dotora horroris causa en midicina, que sus pacientes le describen los síntomas de forma tan clara, precisa y certera que muchas veces se ve obligada a acudir al vademecum o a Internet para saber de qué demonios le están hablando. Merce dice que a las cosas hay que llamarlas por su nombre: al pan, pan; al vino, vino; y a todos los cortocircuitos de cerebro, corazón, sistema nervioso, sistema linfático, sistema circulatorio o anti-sistema, pues eso: pampurrios o jamacucos. Que para qué nos sirve saber al común de los mortales que a fulanito le ha dado un rictus, una ambolia o un anurisma celebral; que nos basta con saber que se ha quedado patidifuso y que, si hay suerte recuperará y si no, pues no.



La gente no empezó a morir de cáncer hasta que se inventó la palabra, que bien mirada es fea como ella sola y da susto solo de nombrarla o escribirla. Antes la gente se moría de lo que cuadraba y, con los inteletuales y dotores, que tenían mucha listeza y estaban muy estudiaos, no se hablaba más que algunas palabras incónitas. Hoy vas al ambulatorio y si no sabes nombrar al menos una docena de antipiréticos, analgésicos y antibióticos, eres peor mirado que si no conoces a Belén Esteban. Viejecitos que en su infancia solo conocieron la palabra midicina, hablan ahora con soltura de electrocardiogramas – used-to-be alambrao con las corrientes eléctricas -; y en lugar de huir como alma que lleva Judas ante los rayos X, nos encontramos haciendo cola de tres meses y durmiendo en la calle para conseguir una tomografía o una ecografía en siete dimensiones y con música porque esta es la mejor de todas y la más cara y yo me lo puedo permitir y el niño ya sale saludando a sus papás y te lo graban en DVD.

Y no hablemos ya de enfermedades psíquicas, que ahora son las que más de moda están. El loco, el chiflado, el tarado de toda la vida, se ha convertido en un psicópata con rasgos esquizoides, un paranoico, un esquizofrénico, un bipolar o sabe-dios-cuantas-cosas-más que puede diagnosticar hasta la frutera mientras pesa los limones y te pone cuarto y mitad de calabacín: "Cuatro, cinco, por aquí y has oido, ya que sale el tema, lo de tu vecino, el pobre, que se ha vuelto paranoico así de la noche a la mañana, que dicen por ahí que tiene un germen de familia que ya le provocó a su padre demencia testil".

Cómo no van a estar colapsados los centros de salud, los ambulatorios, los hospitales, las salas de urgencias y los disfraces de enfermera calentuca en los sex-shops. Si no vas al médico no eres persona. Eres un don-nadie. Peor aún, eres un sano. Un raro. Si no alternas por los pasillos de medicina interna, hablando con autoridad del tono y dureza de deposiciones con propios y extraños, simplemente no existes. Ya no te vale estar baldao cuando te duele la espalda. Ahora tienes escoliosis, hernia fiscal o lumbalgia, y en lugar de guardar cama y no coger pesos, te mandan a rehabilitación, a fisioterapia, al quirófano o a un concierto chill-out de Enya o Mike Oldfield. Las simples infeciones a los intestinis, reciben, por obra y gracia de esta moda, nombres perversos que duelen mucho más y nos obligan a coger la baja por depresión. Que eso también es un must para no ser un pringao. Que te deja la novia, depresión. Que te sale un grano, depresión. Que te echan del curro, depresión. Que pierde el Madrid, depresión. Y pastillas a tutiplén. Cuantos más colores mejor. Y luego te compras una de esas cajitas tan monas que ponen lunes-martes- miércoles… etc, y un día a la semana, mientras dura la publicidad de House, te vas haciendo una composición digna del Guguenjain o de la cocina del Bulli.

Estas navidades, propongo que reivindiquemos las enfermedades de siempre y las muertes como Dios manda. Propongo que si hay que morirse, nos muramos sanos sanitos, simplemente porque se nos agote la sangre o porque nos vayamos yendo a tisis, disolviéndonos poco a poco y quedemos como un pajarín; y de no morir sanos y de viejos, pues que sea radical, de siguida, de golpe y porrazo. Basta ya de seguir haciéndole más agujeros a la Seguridad Social con nuestros mocos y toses, que esa señora está para otra cosa y también tiene derecho a descansar. Si tienes un catarro, miel con limón, mucha cama y sudor de pecho ajeno, y si tienes algo más grave, encomiéndate al Santo Niño Doctor de los Enfermos, trágate todos los especiales de Nochevieja seguidos, junto con sus reposiciones el día después, y ves despidiéndote de tu familia, preparando el funeral y llamando al CSI para la autopsia, que uno nunca sabe y, a lo mejor, no te has muerto de asco, sino que te han asesinado los americanos malandrines...

Salud, camaradas.

domingo, 12 de diciembre de 2010

SORROWS & PAINS

Mi abuela tenía una vecina que se llamaba Angustias, que a su vez tenía una amiga que se llamaba Dolores. Como siempre iban juntas, nosotros las llamábamos "Sorrows" & "Pains" y pensábamos que eran dos personajes que no deberían faltar en funerales y velatorios. Llamarse Melitón, Seductora o Tránsito es un derecho constitucional que estamos perdiendo. Los nombres marcan mucho y dan personalidad. O mejor dicho: marcaban. Ahora todos los niños se llaman Pablo, Alejandro o Daniel; y todas las niñas María, Lucía o Ana. Eso está bien para un país ultracomunista en el que se pretenda anular al individuo, pero para un país democrático es una trampa mortal, que junto con la última y esperpéntica propuesta del gobierno de colocar los apellidos por orden alfabético, nos llevará dentro de unas pocas generaciones a llamarnos y apellidarnos todos igual. Entonces para distinguirnos nos tatuarán el número del DNI en el moflete derecho o nos rociarán con spray de colores según religión, sexo, procedencia o canal de TV favorito.





Si hubiéramos nacido tal día como hoy hace unas décadas, nuestros padres habrían tenido que elegir entre uno de los siguientes nombres del santoral, que asegurarían nuestra individualidad y originalidad frente a la masa, dotándonos de personalidad propia.

Para niña, las opciones habrían sido:
- Amonaria, que suena a enfermedad crónica y es aplicable a niña vulnerable y enfermiza.
- Eadburga, para una mujer mandona y con mala leche.
- Mercuria, que parece un nombre de otro planeta, y por lo tanto resulta aplicable a alguien con afán viajero y aventurero.

Para niño hay mucha más variedad:
- Bertolo Buonpedoni (éste es conveniente si el niño tiene gases)
- Conrado, que es un nombre adecuado para portero (de portal) o sereno.
- Corentino, que aunque suena a pegamento para la dentadura, parece hombre de buen corazón.
- Espiridión, que te da un subidón que no veas
- Finiano, que parece que ya está acabado antes de empezar
- Israel, que te impide, por tu nombre bonito, viajar a cualquier país árabe
- Jacobo, que cuanto más alto, más bobo
- Epimaquio, como el que salía en Barrio Sésamo
- Pío Bartosik, Simón Phan Dak Oah, Valarico o Vicelino...

En lugar del consabido: "Voy a invitar a mi cumple a Pablo, a Pablo García, a Pablo Simón y a Pablo Fernández", tendríamos el: "Mamá, que me ha pegado Valarico y Vicelino dice que Pío Bartosik ya no es amigo de Simón Phan Dak Oah... Calla, Corentino, y dile a Epimaquio que invite a Espiridión a su fiesta de cumpleaños".


miércoles, 8 de diciembre de 2010

ANNA, IGNATIA Y LISBETH


Mi preceptor me ha dicho que soy la oveja negra de la familia. Que en este año, centenario del fallecimiento de Tolstoy, tengo que quitarme el mono de Lisbeth Salander y no me queda otra que pasarme al bando de Anna Karenina. Lo ha dicho mientras una sonrisa malvada se pintaba en su rostro a la vez que me tendía, con gesto inocente y actitud indiferente, un mamotreto de 860 páginas en letra minúscula y en inglés.

Mi preceptor dice que debo leer más en inglés para expresarme con mayor fluidez y propiedad en la lengua de mis gloriosos antepasados. Y yo hago la vista gorda y le digo a todo que sí, primero, por no ofenderlo, y segundo, porque igual le sale la vena de crueldad que le caracteriza y me hace leerlo en ruso, idioma que, a decir verdad, tengo un tanto olvidado últimamente.

Mi preceptor, para que nos entendamos, es lo que hoy se llamaría PERSONAL COACH, alguien que te dice lo que tienes que hacer, cómo tienes que vestir, cómo debes comportarte y hasta lo que tienes que leer. No todo el mundo tiene preceptor. De mi entorno más próximo, tan sólo Letizia (con "Z") y yomisma. Os resultará difícil creer que una rebelde como yo sea capaz de obedecer ciegamente instrucciones, pero la verdad es que, aunque protestona y terca, soy muy voluble y necesito alguien que me precepte, me preceptúe, o me precepcione.

Mi preceptor afirma que no tengo personalidad definida y que no debería dejarme influir tanto por las corrientes de aire y las fases de la luna, pero eso es in-nato en In-natia y no tengo forma de controlarlo. Simplemente, me he autoconvencido, de que, de dejarse llevar por alguien, al menos hacerlo por alguien que tenga criterio, bueno o malo, pero criterio al fin y al cabo.

Mi preceptor tiene criterio y, por tanto, su criterio se impuso y me he tirado a la piscina de Anna Karenina. Lo que se anunciaba como un Tolstón, ha resultado ser una historia muy absorbente. Tanto que, en cuanto acabe las pocas páginas que me quedan, haré una reserva para el Transiberiano para leer in situ lo que parece una metáfora de la vida política actual: War and Peace, o lo que es lo mismo, Guerra y Pis.

viernes, 16 de abril de 2010

GASOLINA CON "PLOMOS"

Ejemplo e instrucciones prácticas


Paso 1: El repostaje
Acérquese a la gasolinera. Elija un surtidor de GASOLINA (a poder ser: SIN PLOMO). Eche la cantidad necesaria. Deje que una oleada de paz tibetana fluya por su cuerpo y su mente y diríjase con pies (de plomo) hacia la caja.


Paso 2: El pago
(intente mantener la calma y pensar en un lago azul en la inmensidad del desierto del Gobi).


- ¿Qué surtidor?
- El tres
- ¿ 37,46 Euros?
- Sí, creo que sí.
- ¿Desea alguna cosa más?
- NO GRACIAS...
(aquí debe usted mantenerse firme y con a-plomo a la vez que mira con el ceño fruncido a la cajera o cajero y finje hablar con el presidente de Kirdijistán por el teléfono móvil)
- ¿Está usted seguro? ¿No necesita unas chocolatinas, chicles sin azúcar, pastillas para el mareo, bromuro para su pareja, hilo dental, preservativos reciclables, empastes de quita y pon?
- NO GRACIAS...
(observe si le empiezan a salir sarpullidos por el cuello y respire profundamente).
- ¿Naranjas de Valencia? Son muy buenas y jugosas y encima están a muy buen precio.
- QUE NO!
(sea firme, pero no implacable, y menos con personas del otro sexo, raza, religión, opinión, color de pelo, nacionalidad, región, color de uñas, etc, ya que le podrían acusar de discriminación a grupos minoritarios)
- ¿Aceituneros altivos? ¿Fabada de la Abuelita? ¿Queso de Turkmekistán? ¿Dátiles de Kuala Lumpur? Tenemos una oferta especial: por cada contenedor de papel higiénico regalamos un gato atropellado. ¿Seguro que no quiere unos higos chumbos recién traídos de Burkina Faso?
- no, no...
(su hilo de voz se va debilitando y puede que sus defensas empiecen a flaquear)
- ¿Y no desea lavar y encerar su vehículo por sólo 10 eurillos de ná? Le ofrecemos, mientras espera un café descafeinado con azúcar de caña integral y leche de yak; amén de un masaje de pies con aceite de jojoba y esencia de jazmín persa... ¿Seguro que se lo va a perder?
- bueno...
- Venga, venga, que tiene usted una cara de tensión que seguro que le va a ir muy bien... Siéntese en la salita de espera y en media hora estamos con usted. Ah, sí, mientras tanto, aquí tiene nuestro catálogo de puntos y comas con el millón de productos que podrá adquirir de forma rápida y práctica mientras reposta/repuesta/echa gasolina...(sin plomo)

viernes, 15 de enero de 2010

LA INSOPORTABLE NECEDAD DEL SER

Being Ignatia O'Reilly es una ardua labor diaria. La necedad del ser humano no tiene parangón; crece y crece como la espuma y se reproduce como los hongos tras las lluvias del otoño. Denunciar la necedad no significa acabar con ella ni tampoco disminuir un ápice la estupidez que nos rodea, pero callar y consentir son dos verbos que no se conjugan con Ignatia.

Leo en la Gaceta del Micromundo, o como demonios se llame este periodicucho ombliguista, que los políticos ociosos (lo sé: el adjetivo es redundante) se han puesto a discutir sobre qué nombre ponerle a los lugares en los que gobiernan. Ya tienen un nombre, claro, pero van a cambiárselo porque hace cuarenta años no se llamaba así. ¿Quién lo dijo? Uno que pasaba por ahí. A lo peor era aquel indio maya que preguntado sobre el nombre de la playa mejicana en la que habían desembarcado los intrépidos exploradores españoles al mando de Hernán Cortés, respondía Kan-kun, Kan-kun, que no significaba Cancún o Riviera Maya, sino simplemente: "que no te entiendo, cojones!"


Pues eso: discuten los políticos y sentencian con sus leyes politraumáticas sobre cómo se debe escribir el nombre de su pueblo. Sale algún avispadillo sentando cátedra por aquello de "estar estudiau" y decide llamar a la potato: poteito, al tomato: tomeito... y al apple: makintos, asín, como lo pronuncia Bart Simpson, que es natural de la zona. Y sin darse un pijo de importancia, inauguran a bombo y platillo un cartel con el nuevo-viejo nombre de tal población, que a continuación es tachado con pintura por todos los habitantes del pueblo a turnos. Por todos menos por Manolín el Sordu, que fue la fuente fiable de donde bebieron los expertos filólogos que realizaron el trabajo de campo.

"Dolores, que hoy te toca tachar a ti. Mañana a Benjamín. Pasado viene la brigada de limpieza. Luego lo tacha Arquímedes. Y así, sucesivamente, por orden, y que nadie me-se cuele que yo lo vi primero"


Asistiendo desde la distancia a este necio coloquio de si con B de Burro o con V de Vomitar, mil veces me vi tentada a intervenir en el asunto, pero manteniendo la flema que se supone que tenemos los nacidos en la isla esa de ahí arriba, desistí de hacerlo. ¿Cómo explicar a un necio que lo importante del lenguaje es precisamente la capacidad que nos da para comunicarnos entre nosotros? ¿Cómo explicar a un grupo de imbéciles que el queso sigue siendo queso aunque en Francia lo llamen fromage? ¿Cómo hacerles entender que nunca pasarán a la posteridad por bautizar con un nombre de laboratorio a un pueblo perdido de la mano de Dios, pero que sí lo harán sus queridas madres, mentadas por todo hijo de vecino cada vez que vea el dichoso cartel?

Pues sin-animus agobiandis, aquí os dejo un tema para la reflexión. Por mí podéis decir patata o poteito o lo que os salga de las entrañas, pero si alguien osa llamarme Inazia, la ira de los O'Reilly no conocerá límite.