Uno de los principales atractivos de la localidad de PURMAMARCA, en el Noroeste Andino de Argentina, es el espectacular CERRO DE LOS SIETE COLORES, un cerro que domina el pueblo y que por la acción de los distintos minerales que la componen hace que tenga infinitas tonalidades. Dicen que son siete colores, pero en realidad el cerro es como una paleta de pintor, en la que dependiendo de la luz y de la hora del día, se podrían encontrar mil tonos diferentes.
Mientras los vivos se las ingenian para atraer el turismo por la cara delantera del cerro (excursiones, paseos, visitas guiadas, mercadillos de artesanía...), los muertos descansan apoyados contra el mismo, pero por un lateral, un poco escondidos y arrinconados, casi, casi como si no quisieran molestar a los turistas.
El Cementerio de Purmamarca es, aunque no tenga pretensiones de nada, otro de los lugares imprescindibles en la visita a este pequeño y recóndito pueblo andino. Las tumbas van sucediéndose sin orden ni concierto, trepando ágilmente por la sinuosa ladera de roca. 
En el cementerio de Purmamarca se respira tranquilidad, como en casi todos los cementerios del mundo, pero aquí la altitud sobre el nivel del mar (alrededor de los 3.000 m) hace que el cielo sea más límpido y azul. Los difuntos tienen un marco ideal para su descanso eterno. Sólo cabe preguntarse si es cierto lo que cantó Jorge Manrique en sus famosas Coplas a la Muerte de su padre:












































